Bodhidharma pacifica la mente de Huike
Huike esperó de pie sobre la nieve profunda en el monasterio de Shaolin durante días, rogando a Bodhidharma que le transmitiera la esencia del Dharma. El patriarca permanecía inmóvil, mirando a la pared de roca.
Finalmente, Bodhidharma se giró y le preguntó qué buscaba con tanta vehemencia. Con lágrimas en los ojos y el corazón desgarrado por la angustia existencial, Huike exclamó: «¡Maestro, mi mente no tiene paz! Te suplico que pacifiques mi mente».
Bodhidharma lo miró fijamente y le dijo con severidad compasiva: «Trae aquí tu mente ante mí, y yo te la pacificaré».
Huike quedó en suspenso. Cerró los ojos, miró hacia su interior, buscó entre sus pensamientos, emociones y recuerdos durante un largo rato, y finalmente respondió con asombro: «La he buscado por todas partes, venerable maestro, pero me resulta imposible encontrarla».
Bodhidharma sonrió con ternura y concluyó: «¡Ya ves! He pacificado tu mente por completo».
Cuando sientas ansiedad, confusión o tristeza, haz la práctica de Huike: en lugar de luchar contra el pensamiento, busca dónde está esa 'mente' que dice estar sufriendo. ¿Tiene forma, peso, color, frontera? Al mirar hacia el origen del propio observador, se descubre que no hay ninguna entidad fija, sino un espacio transparente y libre de toda perturbación.
Wumen comenta: El maestro de ojos saltones cruzó diez mil leguas sobre una caña para encontrarse con este hombre. ¿Qué mente buscaba Huike? La mente que sufre es solo un espejismo creado por la atención que se persigue a sí misma. En el momento exacto en que Huike buscó al 'sufridor' y no halló ningún objeto sólido, el falso yo se desmoronó y emergió el Gran Silencio primordial.