Kisa Gotami y la semilla de mostaza
En tiempos del Buda vivía en Savatthi una joven mujer llamada Kisa Gotami. Su único hijo, todavía un niño pequeño, enfermó repentinamente y murió.
El dolor desgarró de tal modo su corazón que la mujer no podía aceptar la muerte de su criatura. Enloquecida de pena, tomó el cuerpecito inerte de su hijo en brazos y recorrió las calles de la ciudad de puerta en puerta, rogando a vecinos y médicos una medicina milagrosa que devolviera el aliento a su pequeño.
La gente la miraba con tristeza y susurraba: «Pobre mujer, el dolor le ha arrebatado el juicio; su hijo ya no pertenece a este mundo». Finalmente, un anciano compasivo le dijo: «Hija mía, yo no conozco médico capaz de sanar a tu hijo, pero sé de uno que posee la medicina suprema para todo sufrimiento. Ve a la arboleda de Jetavana y busca al Iluminado, el Buda Gautama».
Kisa Gotami corrió hacia el bosque, se arrojó a los pies del Buda y le imploró bañada en llanto: «¡Maestro venerable! ¡Devuelve la vida a mi único hijo, te lo suplico!».
El Buda contempló a la madre con una mirada de infinita ternura y compasión sin límites. Hablándole con voz suave, le dijo: «Kisa Gotami, haré una medicina para tu pequeño. Pero para prepararla necesito que me traigas un puñado de semillas de mostaza».
Llena de esperanza, la mujer se dispuso a correr a la ciudad, pero el Buda añadió una condición: «Las semillas de mostaza deben proceder de una casa donde jamás haya muerto un hijo, ni un padre, ni una madre, ni un hermano, ni un siervo o amigo».
En las tradiciones místicas, la transmisión de la sabiduría se sostiene mediante la generosidad consciente (Dāna). Si estas historias te acompañan en tu despertar o aportan serenidad a tu día, puedes invitar a un té o café simbólico en Ko-fi. Tu ofrenda ayuda a preservar este espacio vivo, sin publicidad invasiva y consagrado a la contemplación.