La balsa y la otra orilla
En una ocasión, Gautama Buda se dirigió a la asamblea de monjes en el bosque de Jetavana con una parábola que sacudió los cimientos del apego dogmático:
«Imaginad a un viajero solitario que camina por un sendero salvaje y se encuentra frente a un río caudaloso, ancho y peligroso. La orilla en la que se encuentra está llena de temores, bestias feroces y peligros mortales; en cambio, la orilla lejana se vislumbra como una tierra de bendición, serenidad y perfecta seguridad. Sin embargo, no hay puente que cruce las aguas ni barca alguna para navegar».
«El hombre piensa: “¿Y si reúno cañas, ramas tiernas, hojas y troncos caídos, y con lianas construyo una sólida balsa? Remando con mis manos y pies podré cruzar a salvo a la otra orilla”. El hombre pone manos a la obra, construye la balsa y, con gran paciencia y esfuerzo, sortea los rápidos hasta desembarcar sano y salvo en la orilla de la liberación».
«Una vez en tierra firme, el hombre mira con inmensa gratitud la balsa y piensa: “¡Qué balsa tan maravillosa me ha salvado la vida! Ha sido tan útil y bondadosa que la alzaré sobre mis hombros y cargaré con ella sobre mi cabeza adondequiera que vaya por el resto de mis días”. Decidme, monjes: ¿actuaría ese hombre con verdadera sabiduría?».
«No, bienaventurado Señor», respondieron los discípulos. «¿Cómo actuaría con sensatez?», continuó el Buda. «Dejaría la balsa en la arena o la empujaría suavemente de vuelta a la corriente, pensando: “Esta balsa cumplió su noble propósito; ahora puedo seguir mi camino libre y ligero”. De igual modo, monjes, os he enseñado que incluso mi doctrina (el Dharma) es como una balsa: fue diseñada para cruzar a la libertad, no para aferrarse a ella. Si debéis soltar las cosas no provechosas, ¡cuánto más debéis soltar las buenas enseñanzas cuando la orilla del Ser ha sido alcanzada!».
En las tradiciones místicas, la transmisión de la sabiduría se sostiene mediante la generosidad consciente (Dāna). Si estas historias te acompañan en tu despertar o aportan serenidad a tu día, puedes invitar a un té o café simbólico en Ko-fi. Tu ofrenda ayuda a preservar este espacio vivo, sin publicidad invasiva y consagrado a la contemplación.